jueves, 30 de septiembre de 2010
Santa Sede denuncia los abusos contra los trabajadores domésticos
27/06/2010 16.41.43
Domingo, 27 jun (RV).-
El observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de Naciones Unidas e Instituciones Especializadas en Ginebra, arzobispo Silvano Tomasi, interviniendo en la 99 sesión de la Conferencia Internacional del Trabajo denunció los abusos contra los trabajadores domésticos. A pesar de las señales de recuperación, el arzobispo señaló que "el impacto de la recesión ha detenido los progresos en la reducción de la pobreza, ha aumentado el paro en los países industrializados y todas las familias han sufrido contragolpes en los países de baja renta".
La delegación de la Santa Sede expresó su pleno apoyo al objetivo de la Organización Internacional del Trabajo "de dar prioridad a las personas y a su trabajo en la búsqueda de políticas innovadoras y dinámicas, dirigidas a eliminar impedimentos estructurales para la recuperación de la economía". Prestó especial atención a los trabajadores domésticos y el voto positivo a favor de un nuevo instrumento vinculante para su tutela que "expresan la preferencia por los miembros más vulnerables de la sociedad".
"Los trabajadores domésticos -afirmó el representante de la Santa Sede- tienen doble riesgo. Provienen de segmentos desfavorecidos de la sociedad. La extrema necesidad les obliga a aceptar cualquier trabajo disponible aunque, en la mayor parte de los casos, las condiciones laborales sean muy difíciles". Y luego "en el ambiente en el que trabajan están sujetos a la explotación. A menudo no tienen tutela jurídica social, ni justa retribución". "Cuando se producen abusos, no hay posibilidad de apelar y la única opción es irse y por tanto perder el salario y el puesto de trabajo. En muchas ocasiones, al reparo de las paredes domésticas, la dignidad de estos trabajadores es violada. Violencias físicas y sexuales no son raras.
Como parte de la ampliación de los horizontes en la lucha por la realización global del trabajo digno, monseñor Tomasi señaló que "se debería prestar atención a otras categorías de trabajadores que necesitan tutela: las masas de trabajadores aún desorganizados, trabajadores rurales y jóvenes parados".
Por último, el representante vaticano se refirió al trabajo infantil y juvenil que "exige una respuesta concertada". Indicó que más de 215 millones de niños se ven obligados a trabajar, muchos en condiciones de peligro.
http://www.radiovaticana.org/spa/Articolo.asp?c=403902
martes, 28 de septiembre de 2010
La Pastoral del Mundo del Trabajo en una economía globalizada: Organización y perspectivas (CELAM)
CARTA ABIERTA A LOS TRABAJADORES Y
AGENTES DE LA PASTORAL DE TRABAJADORES
Discípulos misioneros en el mundo del trabajo
Convocados por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en la sección “Laicos Constructores de Sociedad”, en la ciudad de Santiago de Chile, los días 26 al 30 de Julio del presente año, nos hemos encontrado agentes de pastoral procedentes de: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela, para participar en el seminario “La Pastoral del Mundo del Trabajo en una economía globalizada: Organización y perspectivas”.
El objetivo del seminario ha sido apoyar a las Conferencias Episcopales en la organización y el fortalecimiento de la Pastoral de los Trabajadores en el mundo del trabajo, para que sean los mismos trabajadores quienes vivan su vocación de discípulos misioneros en todos los ámbitos de la sociedad donde desarrollan su trabajo en distintas condiciones laborales, contribuyendo de esta manera al desarrollo sostenible y sustentable de nuestros pueblos. Que sean portadores de la buena noticia del trabajo y, con los mismos sentimientos de Jesucristo el Buen Pastor, se preocupen por brindar especial atención a quienes, por distintas razones, se encuentran cesantes y sufren al verse excluidos e injustamente violentados en su dignidad. Hemos tenido presentes en la oración y la reflexión a todos los trabajadores y trabajadoras de América Latina y el Caribe, como obreros del Reino, nos unimos a sus luchas y dificultades, a sus gozos y esperanzas.
Nuestras palabras son de aliento para que continuemos estrechando las manos en torno a quien nos anima y nos une, Jesucristo, el Carpintero de Nazareth, quien camina con no-sotros en este continente de la esperanza, y nos ha dado a la Virgen María como Madre y compañera de camino, ella está presente en las luchas diarias de sus hijos por la dignificación del ser humano y la consolidación de una sociedad más humana, fraterna, justa y solidaria.
Compartimos nuestra alegría y esperanza al encontrar múltiples experiencias de personas y organizaciones comprometidas con la evangelización del pueblo trabajador en el Continente. Experiencias que promueven la dignidad de la personas, fortalecen su espiritualidad, sus valores y su mística para realizar con dignidad y eficiencia su trabajo en la búsqueda de su realización personal y del desarrollo de la comunidad humana. Estas experiencias promueven la formación de nuevos liderazgos, el diálogo social y la concertación, la promoción de la economía solidaria, la atención a desempleados y desempleadas, la organización de los trabajadores y trabajadoras, la defensa de sus derechos y el apoyo a organizaciones de otra índole, con finalidad de lograr el bienestar de todos.
Sentimos nuestras, las dolorosas experiencias de los excluidos y de los injustamente maltratados en el mundo del trabajo. Nos preocupan las alarmantes situaciones que claman al cielo y son causa de dolor y tristeza: las difíciles condiciones de vida y de trabajo de millones de hermanos y hermanas de América Latina y el Caribe, las desigualdades sociales, la expansión de múltiples formas de precarización laboral en el Continente, la gravedad del aumento sostenido del desempleo en algunos de nuestros países, el crecimiento de la informalidad en el mundo del trabajo, la persistencia de formas de explotación como el trabajo forzoso, la trata de personas, el trabajo de niños y niñas no acorde a su edad, las amenazas en la permanencia laboral por causas ideológicas, la falta de seguridad social y de garantías laborales, como las precarias condiciones de trabajo y la persistente discriminación laboral de las mujeres y los jóvenes, quienes no tienen acceso a un trabajo decente, y sufren mayor desempleo.
Todo lo anterior es el resultado de la puesta en vigencia por décadas de sistemas sociales y económicos que ponen su interés en el capital y el mercado, explotando y violentando la dignidad humana y el auténtico sentido e importancia del trabajador en su propia realización personal, en su contribución al desarrollo de los pueblos y a la gestación de una economía con rostro humano, que tenga como centro la dignidad de cada persona; pero también es consecuencia de erráticas políticas públicas de algunos gobiernos de la región en las áreas económicas y laborales, que han privilegiado populismos y neopopulismos, que degradan a la persona al hacerla depender de las dádivas gubernamentales, antes que de la promoción de un trabajo decente y sostenido.
Ante a esta dolorosa situación, como discípulos misioneros, afirmamos con nuestros obispos que “el trabajo garantiza la dignidad y libertad del hombre, es probablemente `la clave esencial de toda la cuestión social´” (DA 120).
Nos identificamos plenamente con el Papa Benedicto XVI quién en la Encíclica “Caritas In Veritate”, nos exhorta a comprometernos con la promoción del Trabajo Decente entendido como: “Expresión de la dignidad esencial de todo hombre y mujer, libremente elegido, que asocia efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su co-munidad. Que hace que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación, que permite satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos, sin que se vean obligados a trabajar. Facilita a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz, deja espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, fami-liar y espiritual y asegura una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación”. (CIV. 63)
Animados por el Espíritu de Jesús, el Carpintero (cf. Mc 6,3), quién dignificó al trabajo y al trabajador, y recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida sino que “constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra” (LE. 4), a través del cual “el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos”. (LE. 9), les invitamos a multiplicar los esfuerzos para continuar la tarea evangelizadora en el complejo mundo del trabajo, de esta manera la Pastoral de los Trabajadores tendrá una relevante y exigente importancia en la vida ordinaria de las Conferencias Episcopales e Iglesias particulares.
Somos conscientes que los profundos cambios sociales que están afectando al mundo del trabajo, permiten desde la creatividad pastoral, diseñar y promover nuevas propuestas para hacer que todas las personas alcancen su pleno desarrollo y ayuden a consolidar un mundo donde se vivan los pertinentes derechos y deberes al servicio de toda la sociedad. Con este propósito consideramos oportuno compartir algunas propuestas que deben ser atendidas con prisa y sin demora, desde todas las estructuras sociales:
Promover la cultura de la dignidad del trabajo y de los derechos laborales.
Fortalecer los espacios de formación, reflexión y conocimiento de: la realidad del mundo y sus impactos en la vida de los trabajadores, la Doctrina Social de la Iglesia, los derechos y deberes laborales.
Impulsar eficaces procesos de diálogo social que repercutan en un cambio de las condiciones de vida y de trabajo.
Promover nuevos liderazgos, especialmente entre los jóvenes y mujeres, que susciten la solidaridad profética y la renovación de las organizaciones de trabajadores.
Incentivar la espiritualidad y la mística en el compromiso con los trabajadores en el mundo del trabajo.
Multiplicar los procesos y las acciones de solidaridad, acompañamiento, asesoría y apoyo de los trabajadores y trabajadoras, para que no sean vulnerados en sus derechos laborales o perseguidos por asociarse en la defensa de sus justas reivindicaciones.
Promover, desde la pastoral de los Trabajadores en el mundo del trabajo, el cuidado de la creación como espacio de realización y contemplación de la obra de Dios.
Unidos a Jesús, la Palabra que se hizo carne y puso su morada entre nosotros, en esta ciudad capital donde el padre Alberto Hurtado, el gran santo chileno, se santificó con su apostolado en medio de los trabajadores, asumimos el compromiso de continuar con la infatigable labor por la dignificación del trabajo en todo este continente y con ella de todos los tra-bajadores y trabajadoras. Nos acogemos a la maternal protección de Nuestra Señora de Guadalupe, fiel defensora de los más pequeños, los amados de Dios.
Santiago de Chile, julio de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
LA INDEPENDENCIA TAMBIÉN FUE UN MOVIMIENTO ECLESIAL
Documento de la Pastoral Laboral Nacional conmemorativo de la gesta histórica de 1810
Septiembre 15, 2010
Suprema Emperatriz de cielo y tierraa quien todo mortal da vasallaje
acabe, Guadalupe, esta cruel guerra
venga, venga la paz, de lo alto baje
el odio y desunión todo, destierra,
destierra el despotismo y el ultraje
reine la independencia y libertad
al engaño suceda la verdad (1)
El número de sacerdotes insurgentes que acudieron a las armas fue de 128 del clero secular (hoy conocidos como diocesanos) y 37 del clero regular (hoy conocidos como integrantes de la Vida Religiosa). 32 sacerdotes adoptaron el bando realista (2). Si hubo sacerdotes insurgentes es porque sus comunidades eclesiales fueron insurgentes. Muchos años antes de 1810 había empezado en Michoacán y en otras partes de la colonia un movimiento renovador de la teología y filosofía escolásticas. En 1763, el jesuita Clavijero que había iniciado su período docente en Valladolid, incorporó la filosofía moderna y las ciencias a la escolástica tradicional. El también jesuita Francisco Xavier Alegre, defendió la tesis de que el consentimiento del pueblo es requisito esencial para que un gobierno resulte legítimo. Afirmó que la autoridad civil no viene inmediatamente de Dios a los gobernantes sino mediante la comunidad. Pese a las contradicciones, trataron con algunos religiosos filipenses, de fomentar el sentido crítico en los seminaristas y el uso de los autores contemporáneos en los seminarios.
Don Miguel Hidalgo, con el tiempo, fue Rector en uno de estos seminarios. Sus colegas maestros, como sus alumnos (entre ellos Morelos, en 1790), dieron continuidad a la renovación académica. De las aulas pasaron al trabajo pastoral. Como curas, vicarios, presbíteros, diáconos o clérigos, comenzaron a conocer la situación de ruina y calamidad que mantenía en el hambre a las mujeres y hombres del Anáhuac, lo que concibieron como tiranía y despotismo graves. Para cambiar la economía popular y la sociedad desde sus pueblos, fomentaron la educación y la industria popular, se dieron al cultivo de uvas, cría de gusanos de seda, curtiduría de pieles, fabricación de loza y ladrillo, compartiendo con el pueblo estos trabajos y soportando cuanta helada y crisis agrícola les sucedió.
El cambio de mentalidad de los clérigos, principalmente de la diócesis de Michoacán estaba en marcha, adentrándose en la organización social y económica. Además, fueron mostrando un gran malestar ante el Estado y su creciente ingerencia en las cuestiones eclesiásticas. Las embarcaciones encargadas de transportar el enriquecimiento de la metrópoli pasaron de 222 entre 1728 y 1739 a 1,142 entre 1784 y 1795 (así era transportada, por ejemplo, casi toda la producción de plata de la Nueva España, que representaba el 66% del total de la que circulaba en el mundo). Las consecuencias sociales fueron sintetizadas por el Barón de Humboldt: “México es el país de la desigualdad”. Las haciendas se avalanzaron sobre las tierras indígenas y se las arrebataron poco a poco e inexorablemente. Los naturales y las castas pasaron a trabajar como peones de minas, haciendas o urbes. Indígenas y componentes de las castas vivían en la miseria, eran presa del hambre y de las epidemias. Tanto las comunidades creyentes como sus curas, vicarios, presbíteros, diáconos o clérigos, aprendieron a juzgar la situación social a la luz de su fe y discernieron sobre cómo llevar a cabo una acción congruente con el resultado de ese juicio. De este modo, las comunidades y curas insurgentes de 1810, se constituyeron en el antecedente latinoamericano de la Teología de la Liberación.
La Teología católica, además, ha mantenido a lo largo de los siglos el derecho que asiste a los pueblos oprimidos de rebelarse y oponerse contra sus tiranos. De modo que los curas y las comunidades insurgentes conocían su derecho natural a repeler con las armas, como último recurso posible, la tiranía y el abuso de autoridad. Así que unos creyentes empuñaron las armas a favor del movimiento liberador y otros en contra. La polémica y controversia fue terrible y honda. Por ejemplo el clero de Puebla se adhirió a la causa del rey mediante un acta del 27 de octubre de 1810 (“…debemos ser las más firmes columnas que sostengan el trono del Monarca…”) y el Cabildo de Oaxaca se adhirió a la insurgencia en 1812 (“según los Santos fines, por que ha resuelto armarse…”) (3).
Los insurgentes encontraron al Dios de la Historia presente en la insurgencia como actor decisivo en el movimiento, tanto como a la Virgen de Guadalupe. Esa teología impactó la Constitución de 1814 y los Sentimientos de la Nación, pues su fe religiosa movía sus convicciones y animaba el tipo de sociedad esperada (“trabajar en el destino que cada cual fuere útil”), el fin de la esclavitud y el ideal de justicia (“moderen la opulencia y la indigencia”).
Para nosotros, creyentes católicos del siglo XXI, especialmente para los que vivimos del “sudor de la frente”, trabajadores y trabajadoras del México de hoy, hay mucho que agradecer y aprender de los insurgentes y de lo que posibilitó su compromiso: la renovación teológica y religiosa, la cercanía de los curas al lado de los dolores y esperanzas del pueblo, el trabajo pastoral integral y la organización social y económica de los empobrecidos.
PASTORAL LABORAL NACIONAL (Tampico, Tamps; México, DF; Tuxpan, Ver.; Monterrey, NL; Nueva Rosita, Barroterán, Monclova, Torreón y Parras, Coah., y Hermosillo, Sonora).
NOTAS:
1) “Versos impetratorios que circulaban entre las filas de los independentistas”. Calendario Manual para el año del Señor de 1815 , Apatzingán, diciembre de 1814 (D. 181, p. 516). Citado en El pensamiento insurgente de Morelos. Agustín Churruca Peláez, sj. Editorial Porrúa, México, 1983, pp. 118-119.
2) Bravo Ugarte, José. El clero y la independencia, Abside. En Churruca, Id.p. 135.
3) Hernández y Dávalos, tomo IV, Doc. 209, p. 789. Citado por Churruca Peláez, id. P. 139.
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HIMNO A LA VIRGEN DE GUADALUPE
P. Mariano de Blas, LC
Mexicanos volad presurosos
del pendón de la Virgen en Pos,
y en la lucha saldréis victoriosos
defendiendo a la Patria y a Dios.
De la Santa montaña en la cumbre
apareció como un astro María
ahuyentando con plácida lumbre
las tinieblas de la idolatría.
Es patrona del indio; su manto
al Anáhuac protege y da gloria
elevad, mexicanos el canto
de alabanza y eterna victoria.
En dolores brilló refulgente
cual bandera su imagen sagrada
dando a Rojo al patriota insurgente
y tornando invencible su espada.
Siempre así lucirá, sin invasores
hoyar quieren de Anáhuac la tierra,
el invicto pendón de Dolores
flameará nuevamente en la guerra.
En redor de esa enseña brillante
todo el pueblo a luchar volará,
y por siempre en las lides triunfante
por su arrojo sacarla sabrá.