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sábado, 25 de diciembre de 2010

MENSAJE NAVIDEÑO A LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS MEXICANOS/AS

PASTORAL LABORAL NACIONAL
MENSAJE NAVIDEÑO A LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS MEXICANOS/AS
Monclova, Coahuila, México, diciembre 22, 2010.

Nos percatamos, hermanos y hermanas nuestros/as, de que si en algo insiste el Evangelio en estos días, es en la alegría comunicada al mundo por el Niño Jesús, que nació como todos nosotros, fruto del esfuerzo y de los dolores de su madre.

La Buena Nueva que se nos comunica y que queremos seguir transmitiendo es la Alegre Noticia que se anunció a los pastores y que ellos entendieron enseguida: tenemos un Liberador. Aquellos pastores, hombres pobres y despreciados, resumen en su oficio al pueblo a quien Jesús anunciará el Evangelio. Aquellos "pobres de Yavé" que nada tenían, sino sólo esperanza en Dios, y deseos de ser liberados de una opresión de siglos, reciben el anuncio que se vuelve canto y exclamación entre los cristianos: "Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres, que él quiere tanto". Por esta Encarnación del Hijo de Dios, la Navidad es la fiesta más alegre y hondamente vivida y arraigada de la tradición cristiana. En este niño pobre, nacido como tantos, entre un grupo de pastores alegres, está toda la gloria de Dios, su definitiva revelación. A partir de ahora es ahí, en medio del pueblo, en donde hay que buscar a Dios, porque él quiso revelarse ahí.

Y como a partir de entonces, se le encuentra en los pesebres del pueblo, queremos hacer una consideración a propósito de la inseguridad creciente que viven, sobre todo, quienes hoy representan a los empobrecidos y despreciados de entonces. Particularmente, nos llama la atención cómo la inseguridad para las mayorías trabajadoras va tomando, en el país, dos caminos perniciosos. Primero, la seguridad salarial que debería de dar condiciones de estabilidad y tranquilidad constitucionales a los trabajadores. La Comisión Nacional de Salarios Mínimos, acaba de dar la espalda, una vez más, a la recomendación del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU, hecha a los representantes del gobierno federal desde el año 2006, referida al salario y que señala: "31. El Comité recomienda al Estado Parte ver que los salarios… asegure(n) para todos los trabajadores y empleados, en particular indígenas y mujeres, condiciones de existencia dignas para ellos y sus familias de conformidad con el artículo 7(a) del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales". La decisión de incrementar sólo 4.1%, dos pesos treinta centavos en promedio (dejando el salario mínimo en cincuenta y ocho pesos diarios y 22 centavos en promedio), mantiene y ahonda para millones de conciudadanos, condiciones salariales y de vida que van a la baja, como lo acaba de señalar el Informe mundial sobre salarios 2010/2011, de la OIT, que da cuenta de la decreciente participación de los salarios en el ingreso total del país al pasar de un promedio de 38.5% entre 1980 y 1985 al 29.9% de los años panistas de 2004-2007.

El segundo aspecto se refiere a la creciente inseguridad industrial que acaba con vidas de inocentes. Cada vez se conocen más situaciones laborales e industriales que ponen en riesgo la vida de los trabajadores por falta de mantenimiento y, en general, por falta de inversión en seguridad, donde los perdedores son casi siempre los trabajadores.

Si Dios decidió revelarse y encarnarse desde y para los de Abajo, las decisiones de política pública o empresarial que restan dignidad y posibilidades de desarrollo y progreso o de defensa de los más elementales derechos, como lo es el derecho a un salario suficiente no puede sino rechazarse y repudiarse, como es el caso de este incremento salarial indigno, injusto e inmoral que persiste en ajustes por debajo de la inflación real.

Deseamos un mejor año 2011 para los trabajadores y trabajadoras del país y expresamos nuestro más ferviente deseo para la necesaria y urgente construcción de una paz en México, basada en la justicia.

Atentamente, Equipo Nacional de Pastoral Laboral
Responsable de la publicación: P. Carlos Rodríguez Rivera, sj (cel. 55 2251 6417)