lunes, 7 de marzo de 2011

8 de MARZO, DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

8 DE MARZO
DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

El Día 8 de Marzo, es el Día Internacional de la mujer trabajadora. Desde aquel 8 de marzo de 1908 en el que 129 trabajadoras morían en el interior de su empresa por reivindicar unas condiciones de trabajo más dignas, se han dado y se dan muchos pasos gracias al esfuerzo y compromiso de muchas mujeres, a las que se han unido quienes sienten la justicia, la lucha por sus derechos como ciudadanas y como trabajadoras en cualquier lugar del mundo.

Somos y debemos sentirnos parte de una historia, de una memoria, de un presente y de un futuro que queremos hacer avanzar hacia la superación de tantas injusticias, discriminaciones, prejuicios, negaciones y violaciones contra las mujeres. Muchas mujeres sufren la pobreza, el paro, la desigualdad salarial, son segregadas a las categorías laborales más bajas, viven la precariedad en el empleo, las dificultades para compatibilizar vida laboral y familiar asumiendo dobles jornadas, no ven reconocido su papel a nivel de las organizaciones e instituciones, reciben un trato vejatorio, son victimas de la violencia sexista, perdiendo incluso la vida…

La celebración del 8 de marzo es una llamada a la reivindicación, la denuncia, el compromiso. Queremos como cristianos y cristianas, empeñarnos en construir una convivencia, una sociedad, una iglesia, un mundo desde el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la justicia y la igualdad desde las diferencias. No es tarea fácil, necesitamos desde todos los ámbitos de la sociedad: valentía, esfuerzo, constancia, debate y esperanza.

ESTUDIO DEL EVANGELIO

1.- INTRODUCCIÓN
El 8 de Marzo de 1908 en Nueva Cork se vivió el levantamiento de las mujeres trabajadoras en la fábrica de “Cotton” en demanda de sus derechos hasta entonces muy conculcados. La represión a la que fueron sometidas, con resultado de muerte para muchas de ellas, desato la solidaridad de las trabajadoras del mundo. En recuerdo de este trágico suceso quedo esta fecha como el Día de la Mujer Trabajadora.
Hoy, sigue siendo necesaria nuestra solidaridad con la causa de la mujer, porque social, económica, cultural y religiosamente persiste una infravaloración de la mujer respecto al hombre. Algunos indicadores de esta situación todos los conocemos en hechos concretos que nos suceden cotidianamente.
Con la intención de ayudar a los miembros de la parroquia a un “compromiso de renovada fidelidad a la inspiración evangélica” ponemos en vuestras manos este Estudio del Evangelio, para profundizar en la situación que vive hoy la mujer trabajadora.

2.- INVOCACION AL EXPIRITU SANTO
Ven Espíritu fuente de vida.
Ven, ven, ven Señor.
Ven Espíritu fuente de vida.
Ven, Señor, ven, Señor.

3.- LUCAS 13, 10-17
"Un sábado estaba Jesús predicando en una sinagoga, que era el sitio donde se reunían los judíos. Había allí una mujer que estaba enferma desde hacía 18 años a causa de un mal espíritu. Y la pobre mujer andaba encorvada, sin poderse enderezar del todo.
Al ver Jesús a la mujer, la llamó y la dijo: Mujer, quedas libre de tu enfermedad.
Jesús la tocó con las manos. Y al momento se puso derecha y empezó a alabar a Dios.
Entonces intervino el jefe de la sinagoga, irritado porque Jesús había curado en sábado, y le dijo a la gente: Hay seis días de trabajo; vengan esos días a que los curen, y no los sábados".
Pero el Señor le dijo al jefe de la sinagoga: ¡Hipócrita! cualquiera de ustedes, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a tomar agua aunque sea sábado? Y a esta mujer, que es hija de Dios, y que Satanás la tenía atada hace ya 18 años, ¿no había que soltarla de su cadena aunque sea hoy sábado?
Según iba Jesús diciendo estas cosas, los judíos se pusieron colorados de vergüenza, mientras que toda la gente se ponía muy contenta de las maravillas que hacía Jesús."

4.- COMENTARIO
Antes del comentario es necesario, pararse en lo que más nos llama la atención y contemplar lo que dice y hace el Señor y el recto de los personajes.

5.- REFLEXION
En esta historia, que cuenta el evangelio, aparecen el mal espíritu y Jesús: los dos frente a frente. ¿Qué es lo que hace cada uno de los dos? El mal espíritu es la fuerza del mal y Jesús es la fuerza del bien. Lo que hace el espíritu del mal es poner cadenas. Lo propio de la fuerza del mal es encadenar; lo propio de la fuerza del bien es desencadenar.
En los evangelios, la palabra "cadena" o "atadura" (que en griego se dice desmós) aparece tres veces. Y las tres veces se repite la misma historia. Una vez, se cuenta que el espíritu del mal le había puesto una cadena en la lengua a un muchacho y por eso no podía hablar (Mc 7,35). Y Jesús fue y le soltó la cadena y el muchacho pudo hablar. Otra vez, resulta que el espíritu del mal tenía encadenado a un hombre y lo tenía atado en un cementerio, por eso el hombre no podía vivir con la gente (Lc 13, 16); pero llegó Jesús y le quitó las cadenas al hombre, lo sacó del cementerio, y pudo vivir como una persona normal.
En el evangelio que hemos leído hoy, el espíritu del mal tenía a aquella mujer encadenada. Y por eso, la pobre mujer andaba encorvada, como el que lleva encima un peso terrible. La mujer no podía levantar la cabeza, no podía mirar a los demás, no era libre. Estaba despojada de su dignidad. Jesús dice que a la mujer le pasaba lo que le pasaba a un buey o a un burro cuando están atados al pesebre.
En cuanto Jesús vio lo que sufría aquella pobre mujer, enseguida le quita la cadena de encima. Ni la mujer se lo pidió a Jesús, ni Jesús se para a pensar si es que la mujer era buena o mala; si es que aquello le pasaba por su culpa o si se trataba de una persona inocente. Lo único que aparece en el evangelio es que Jesús no soporta delante de sí a una persona encadenada. Y porque no soporta eso, enseguida la pone en libertad y le restituye su dignidad.
La conclusión que se sigue de todo esto es clara: El espíritu del mal es la fuerza que echa cadenas para quitar la libertad, para despojar la dignidad; por el contrario, el espíritu de Jesús es la fuerza que devuelve la libertad y la dignidad quitando todas las cadenas.
El espíritu del mal encadena la lengua de la gente, para que no hable ni diga la verdad; encadena a las personas y las ata a los cementerios y a las tumbas, para que no tengan vida y estén como muertos; encadena a la gente echándoles encima pesos insoportables, para que vivan como las bestias. Por el contrario, Jesús quiere que la gente sea libre para hablar y decir lo que tiene que decir; Jesús quiere que la gente viva derecha, con la frente levantada, como personas que no están abrumadas por el peso de cargas insoportables.
Muchas personas viven como aquella mujer: no miran nada más que al suelo, no pueden levantar sus ojos al cielo, no son libres, no tienen dignidad, están como el buey y el burro, atados al pesebre, muertos de sed.
Pero en el evangelio que hemos leído hay algo más importante: el jefe de la sinagoga, que era el jefe de la religión judía, se disgustó porque Jesús había curado a la mujer. Porque aquél día era sábado, y la ley religiosa de los judíos mandaba que los sábados no se podía curar a los enfermos. Esto quiere decir que al jefe de la religión judía le interesaba más la religión que la dignidad de las personas. Por el contrario, a Jesús le interesa más la dignidad que la ley religiosa.

6.- HECHO DE VIDA

7.- CONTEMPLACION
¿Cuáles son las causas y consecuencias?
¿Nuestra actitud personal, de grupo o parroquia ante estos hechos es igual a la del jefe de la sinagoga o a la de Jesús? ¿Estamos más preocupados por cumplir la ley religiosa que en restituir la dignidad a las personas?

8.- LLAMADAS
¿Qué llamadas nos hace este evangelio a nivel personal, de grupo y parroquia?
¿Qué podríamos hacer a nivel personal, de grupo y parroquia para poder dar respuesta a estas llamadas?

9.- PADRENUESTRO
PADRE
, que miras por igual a todos tus hijos e hijas a quienes ves enfrentados.
NUESTRO, de todos. De los cerca de 5.000 millones de personas, que poblamos la tierra, sea cual sea nuestro sexo, color o lugar de nacimiento.
QUE ESTÁS EN EL CIELO, y en la tierra, en cada hombre y en cada mujer, en los humildes y en los que sufren.
SANTIFICADO SEA TU NOMBRE, pero no con el estruendo de las armas, sino con el susurro del corazón.
VENGA A NOSOTROS TU REINO, el de la paz, el del amor. Y aleja de nosotros los reinos de la tiranía y de la explotación.
HÁGASE TU VOLUNTAD siempre y en todas partes. En el cielo y en la tierra. Que tus deseos no sean obstaculizados por los hijos del poder.
DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA, que está amasado con paz, con justicia, con amor. Aleja de nosotros el pan de cizaña que siembra envidia y división, porque mañana puede ser tarde: la guerra, amenaza y la muerte injusta.
PERDONA NUESTRAS OFENSAS no como nosotros perdonamos, sino como Tú perdonas, sin dar lugar al odio, recuperando la Memoria, exigiendo Verdad, Justicia y Reparación.
NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN de almacenar lo que no nos diste, de acumular lo que otros necesitan, de mirar con recelo al de enfrente, de la violencia contra los que tenemos al lado.
LÍBRANOS DEL MAL QUE NOS AMENAZA: del poder dominador, de la sociedad de consumo, de vivir montados en el gasto, porque somos muchos, Padre, los que queremos vivir en paz, luchamos por la justicia.