Mostrando entradas con la etiqueta bien común. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bien común. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de enero de 2017

El Estado – ¿un bien público? / por Veronika Sieglin

Posted on enero 9, 2017

El Estado – ¿un bien público? / por Veronika Sieglin




En un texto intitulado "Sobre el gobierno privado indirecto", publicado en 1999 en la Revista Politique Africaine, el politólogo africano Achille Mbembé analiza el desarrollo del Estado en el continente africano durante la segunda mitad del siglo XX. Concluye que en este lapso el Estado dejó de ser un "bien público".

Pero ¿es el Estado un bien público? La brutalidad con que se han implementado las reformas estructurales y la política de shock económico en México (el 'gasolinazo', la reforma fiscal, la devaluación del peso frente al dólar), el empobrecimiento de vastos sectores poblacionales aunados a los exorbitantes niveles de corrupción de los funcionarios públicos y sus descarados y siempre impunes atracos al erario público hacen pensar en el Estado como un terrible lastre del desarrollo y no como un bien público. Por lo mismo, muchas personas exigen el achicamiento de la cámara de diputados (eliminando las diputaciones plurinominales y reduciendo el número de mandatos directos), otras se han convertido en promotoras de las llamadas candidaturas 'independientes' que pretenden ser alternativas a los partidos políticos que son identificados como parte del problema. Un tercer grupo no quiere ni ocuparse de los asuntos políticos al identificar la conducta de políticos y gobernantes como amoral, depravada y corrompida. En suma, pocas personas consideran que el Estado vela sobre sus necesidades e intereses y que debería ser defendido.

Mbembé desarrolló su tesis del Estado como bien público a partir de la figura del impuesto. La tributación hace posible al Estado, ya que genera un fundamento económico para sus actividades. Ciertamente, el impuesto expresa siempre una relación de coerción (los contribuyentes omisos pueden quedar en la cárcel) y ratifica así la subordinación de cada individuo frente al Estado, sin embargo, el Estado democrático ofrece algo a cambio: la creación de infraestructura común, programas sociales, económicos y culturales, orden y seguridad (monopolio de poder). El pago de impuestos y la prestación de servicios públicos constituyen un vínculo recíproco. Esta reciprocidad distingue el impuesto público del cobro de pisos en regiones controladas por el crimen organizado, o del impuesto de guerra en territorios ocupados por ejércitos extranjeros.

La globalización neoliberal ha llevado a la cancelación de esta correspondencia entre el Estado y los contribuyentes. El Estado neoliberal ya no vela por los intereses del conjunto, ni siquiera por los de todas las fracciones del capital. Tiene un compromiso sólo con los más poderosos. De hecho, la función del Estado neoliberal consiste en: (1) extraer riqueza de la población vía nuevos y crecientes impuestos y tarifas a los servicios, que es transferida a las arcas de empresas transnacionales principalmente en calidad de subsidios, subvenciones, exención de impuesto, construcción de infraestructura y absorción de ciertos gastos operativos; (2) abrir a la valorización del capital actividades anteriormente restringidas (educación, salud, energía, agua, seguridad); y (3) garantizar el status quo político y generar los fundamentos legales que garantizan las inversiones, el acceso a los recursos públicos y naturales y que aseguran legalmente las ganancias proyectadas por varias décadas. Cuanto más avanza la transformación neoliberal, más unidireccional resulta el flujo de recursos de parte de los contribuyentes al Estado.

El desmontaje del Estado resulta de la aplicación de los principios neoliberales por parte del mismo. El Estado neoliberal se destruye a si mismo. El medio principal es la privatización de sus antaño funciones sustanciales: la producción y el suministro de energía, la distribución del agua y la administración de las aduanas. Al transferirlas a empresas privadas, el Estado pierde una importante fuente de autofinanciamiento. Las presiones financieras correspondientes se suelen resolver: (1) entregando nuevas áreas a la actividad privada (educación, salud e incluso seguridad) y (2) endeudando a las entidades públicas con la banca comercial, echando mano de fondos de pensiones y/o bursatilizando fuentes de ingreso relativamente estables. De esta forma el Estado se convierte paulatinamente en rehén del capital financiero y de las empresas transnacionales. Su poder sobre el sector privado se pulveriza y se convierte en lacayo de los capitales más poderosos.



En México, el avance de este modelo ha sido facilitado por varias circunstancias: (1) la necesidad permanente de las élites políticas y económicas de distinguirse de las clases subordinadas y su identificación con los intereses de los países poderosos (principalmente Estados Unidos y Europa). La integración de algunos miembros de las élites mexicanas en instituciones supranacionales y consejos directivos de empresas transnacionales ha fortalecido simbólicamente esta identidad con la élite global. Por lo anterior, los sectores dominantes mexicanos no guardan compromiso alguno con el desarrollo del país y las necesidades de su población. (2) La tradicional y aún creciente corrupción de los funcionarios públicos, sus negocios privados con dineros públicos y sus alianzas abiertas o encubiertas con el crimen organizado han sido puntualmente registrados en el extranjero (en particular por el FBI, la embajada norteamericana y agencias de espionaje) y han carcomido cualquier posibilidad de resistencia ante las exigencias de poderes extranjeros. (3) La delegación de gran parte de las actividades gubernamentales a agencias privadas que se hacen cargo del diseño y la ejecución de políticas públicas no solo ha fortalecido la influencia de intereses particulares en las decisiones del Estado sino ha aplanado también el trabajo público y facilitado la desprofesionalización de la actividad pública. Este último proceso significa la pérdida de capacidad racional en el Estado y vigoriza su dependencia de instancias privadas.

En suma, el Estado neoliberal no sólo se está convirtiendo en botín de empresas sino también en instrumento dócil de nuevas formas de acumulación primitiva. Se ha convertido en gobierno privado. Esta situación no se resuelve a través de candidaturas 'independientes' si los ciudadanos postulados siguen la misma lógica neoliberal al arribar a los puestos de representación pública. Recuperar al Estado como bien público es posible si la ciudadanía se repolitiza y se organiza; si defiende sus necesidades colectivas; si pondera el bien común por encima del bien privado y otorga prioridad a los intereses vitales de la mayoría de los mexicanos; si no ignora las traiciones de muchos partidos políticos y otorga su voto únicamente a aquellos políticos y agrupaciones políticas que se han negado a aprobar las reformas neoliberales. Si no se aprende de las dolorosas experiencias del presente y pasado, México alcanzará con prontitud los niveles de violencia y anomia que hunden al continente africano en la guerra, la destrucción y la miseria, ya que allí el Estado ha dejado de ser un "bien público".

Por Veronika Sieglin
9 de enero de 2017

Evernote te ayuda a recordar todo y a organizarte sin esfuerzo. Descarga Evernote.

sábado, 20 de junio de 2015

Inventar caminos nuevos en el mundo laboral, pidió el Papa

Inventar caminos nuevos en el mundo laboral, pidió el Papa

2015-06-20 Radio Vaticana



(RV).- El Papa Francisco recibió en audiencia, el tercer sábado de junio a mediodía, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano, a los casi cuatrocientos miembros de la Federación Nacional de los Caballero del Trabajo.
Tras agradecer las palabras que le dirigió el Presidente de la Federación en nombre de los presentes, el Santo Padre afirmó que la condecoración de la Orden "al Mérito del Trabajo" constituye, desde hace más de cien años, un importante reconocimiento por parte de los más altos cargos del Estado, a quienes se han distinguido en el mundo empresarial y económico, contribuyendo a crear trabajo y a hacer crecer el valor de los productos italianos en el mundo.
El Papa Bergoglio recordó que esta condecoración es sumamente valiosa en nuestro tiempo en el que después de la crisis económico-financiera ha conocido un fuerte estancamiento y una verdadera recesión, en un contexto social ya marcado por las desigualdades y el desempleo, especialmente del sector juvenil.
"Sobretodo – añadió el Pontífice textualmente – esta última es una verdadera y propia plaga social, porque priva a los jóvenes de un elemento esencial para su realización, y al mundo económico de la aportación de sus fuerzas más frescas. El mundo del trabajo debería estar en espera de jóvenes preparados y deseosos de empeñarse y sobresalir".
"Al contrario – observó el Obispo de Roma– el mensaje que los jóvenes han recibido frecuentemente en estos años es que de ellos no se tiene necesidad. Y éste –  dijo el Papa –  es el síntoma de una disfunción grave, que no se puede atribuir sólo a causas de nivel global e internacional".
Entre los conceptos que el Papa Francisco también recordó a la Federación italiana de los Caballero del Trabajo destacamos que el bien común, en su calidad de fin último de la vida asociada, no puede ser alcanzado a través de un mero incremento de la ganancias o de la producción, porque tiene como presupuesto imprescindible la implicación activa de todos los sujetos que componen el cuerpo social.
De ahí que el Papa haya destacado que la enseñanza social de la Iglesia se remonta continuamente a este criterio fundamental, a saber: que el ser humano está en el centro del desarrollo, y que mientras los hombres y las mujeres permanezcan pasivos o marginados, no se puede considerar que se haya logrado plenamente el bien común.
Por esta razón Francisco los exhortó diciéndoles: "Ustedes se han distinguido porque han osado y  arriesgado, han invertido ideas, energías y capitales, produciendo, encomendando tareas, pidiendo resultados y contribuyendo a que otros sean más emprendedores y colaborativos. He aquí la envergadura social del trabajo: la capacidad de implicar a las personas y encomendar responsabilidades, de modo que se incite la audacia, la creatividad y el empeño".
Y esto – añadió el Santo Padre–  "tiene efectos positivos sobre las nuevas generaciones y hace que una sociedad vuelva a comenzar a mirar hacia adelante, ofreciendo perspectivas y oportunidades y, por tanto, esperanzas para el futuro".
Otro de los temas abordados por el Obispo de Roma el del papel social del trabajo y su implicación ética enraizada en la justicia y el respeto de la ley, lo que conlleva a un auténtico desarrollo económicos, que no margine a los individuos y a los pueblos, maniendo alejada la corrupción y preservando el ambiente natural. Porque como reafirmó Francisco, la práctica de la justicia, tal como enseñan los textos bíblicos, no se limita a la abstención de las iniquidades o a la observancia de las leyes – incluso si esto ya es tanto –, sino que debe ir más allá:
"Es verdaderamente justo quien, además de respetar las reglas, actúa con conciencia e interés por el bien de todos, además del por el propio. Es justo quien se interesa por el destino de los menos aventajados y de los más pobres, quien no se cansa de trabajar y está dispuesto a inventar caminos siempre nuevos".
Con estos deseos el Pontífice invocó sobre todos ellos, sus familias y actividades la intercesión de San Benito de Nursia, Patrono de los Caballeros del Trabajo, a la vez que los bendijo de corazón, pidiéndoles, también a ellos: "Por favor, no se olviden de rezar por mí".
(María Fernanda Bernasconi - RV). 
(from Vatican Radio)

Evernote te ayuda a recordar todo y a organizarte sin esfuerzo. Descarga Evernote.