lunes, 23 de junio de 2014

Homilía del Papa Francisco sobre el trabajoEcclesia Digital

Homilía del Papa Francisco sobre el trabajo
2 mayo, 2013
"Quien trabaja es digno, tiene una dignidad especial, una dignidad de persona", el Papa Francisco en su homilía


En las sociedades actuales se ven más los balances de las empresas y el beneficio que la dignidad del trabajo. Es la reflexión que el Papa Francisco ofreció la mañana del 1 de mayo en el curso de la santa misa que celebró en la capilla de la Casa de Santa Marta. En el día en que la Iglesia celebraba a San José Obrero, el Pontífice precisó que el recuerdo de esta dimensión del padre adoptivo de Cristo nos remite a "Dios trabajador" y a "Jesús trabajador", que ha trabajado en el taller de San José, pero también "hasta la Cruz".

"Quien trabaja es digno, tiene una dignidad especial, una dignidad de persona": insistió el Papa, pensando en cuantos hoy, frecuentemente, no "tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo". Por tanto, no se puede definir "justa", una sociedad en la que tantos no logran encontrar una ocupación y tantos están obligados a trabajar como esclavos.

En el pensamiento de Francisco encontró inmediatamente lugar la tragedia de Bangladesh, donde la semana pasada más de cuatrocientas personas perdieron la vida en el derrumbe de una fábrica: hombres y mujeres que percibían 38 euros por un mes de trabajo.

"Las personas son menos importantes que las cosas que producen ganancia a los que tienen el poder político, social, económico. ¿A qué punto hemos llegado? Al punto de que no somos conscientes de esta dignidad de la persona; esta dignidad del trabajo. Pero hoy la figura de San José, de Jesús, de Dios que trabajan – es éste nuestro modelo – nos enseñan el camino para ir hacia la dignidad". Al celebrar por la mañana del miércoles 1° de mayo la santa misa en la capilla de la Casa de Santa el Papa recordó en su homilía, en el día en que se celebraba la memoria de San José Obrero y la fiesta de los trabajadores, que la sociedad no es justa si no ofrece a todos un trabajo o explota a los trabajadores.

Asistieron a esta celebración algunos menores y muchachas madres, huéspedes del Centro de solidaridad "El Puente", nacido en la ciudad italiana de Civitavecchia en 1979, acompañados por el presidente de la Asociación, el Padre Egidio Smacchia.

El Papa comenzó recordando que en la liturgia del día el Evangelio se refiere a Jesús como al "hijo del carpintero". José era un trabajador y Jesús aprendió a trabajar con él. De hecho, en la primera lectura se lee que Dios trabaja para crear el mundo, y este "icono de Dios trabajador", afirmó el Obispo de Roma, nos dice que el trabajo es algo más que ganarse el pan""¡El trabajo nos da la dignidad! Quien trabaja es digno, tiene una dignidad especial, una dignidad de persona: el hombre y la mujer que trabajan son dignos. En cambio, los que no trabajan no tienen esta dignidad. Pero tantos son aquellos que quieren trabajar y no pueden. Esto es un peso para nuestra conciencia, porque cuando la sociedad está organizada de tal modo, que no todos tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo, esa sociedad no va bien: ¡no es justa! Va contra el mismo Dios, que ha querido que nuestra dignidad comience desde aquí".

"La dignidad – prosiguió diciendo el Papa – no nos la da el poder, el dinero, la cultura, ¡no! ¡La dignidad nos la da el trabajo!". Y un trabajo digno, porque hoy "tantos sistemas sociales, políticos y económicos han hecho una elección que significa explotar a la persona": "No pagar lo justo, no dar trabajo, porque sólo se ven los balances, los balances de la empresa; sólo se ve cuánto puedo provecho puedo sacar. ¡Esto va contra Dios! Cuántas veces – tantas veces – hemos leído en 'L'Osservatore Romano'… Un título que me ha llamado tanto la atención el día de la tragedia en Bangladesh, 'Vivir con 38 euros al mes': era el sueldo de estas personas que murieron… ¡Y esto se llama 'trabajo de esclavo!'. Y hoy en el mundo está esta esclavitud que se hace con lo más bello que Dios ha dado al hombre: la capacidad de crear, de trabajar, de hacer su propia dignidad. Cuántos hermanos y hermanas en el mundo están en esta situación por culpa de actitudes económicas, sociales, políticas, etc.…".

Asimismo en su homilía el Papa citó a un rabino del Medio Evo que relataba a su comunidad judía la vicisitud de la Torre de Babel: entonces los ladrillos eran sumamente preciosos: "Cuando un ladrillo, por error, caía, era un problema tremendo, un escándalo: '¡Pero mira lo que hiciste!'. Pero si uno de aquellos que construían la torre caía: 'Requiescat in pace!' y o dejaban tranquilo… Era más importante el ladrillo que la persona. Esto contaba aquel rabino medieval ¡y esto sucede ahora! Las personas son menos importantes que las cosas que producen beneficio a los que tienen el poder político, social, económico. ¿A este punto hemos llegado? Al punto de que no somos conscientes de esta dignidad de la persona; esta dignidad del trabajo. Pero hoy la figura de San José, de Jesús, de Dios que trabajan – es este nuestro modelo – nos enseñan el camino para ir hacia la dignidad".

Hoy – observó el Papa Francisco – no podemos decir más lo que decía San Pablo: "Quien no quiere trabajar, que no coma", sino que debemos decir: "Quien no trabaja, ¡ha perdido la dignidad!", porque "no encuentra la posibilidad de trabajar". Es más: "¡La sociedad ha despojado a esta persona de su dignidad!". Hoy – añadió el Pontífice – nos hace bien volver a escuchar "la voz de Dios, cuando se dirigía a Caín diciéndole: "Caín, ¿dónde está tu hermano?". Hoy, en cambio, oímos esta voz: "¿Dónde está tu hermano que no tiene trabajo? ¿Dónde está tu hermano que está bajo un trabajo de esclavo?". El Papa concluyó invitando: "Oremos, oremos por todos estos hermanos y hermanas que están en esta situación. Así sea".
(María Fernanda Bernasconi – Radio Vaticana).



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viernes, 20 de junio de 2014

HOAC - CORPUS CHRISTI (22 de Junio de 2014)

CORPUS CHRISTI (22 de junio de 2014)
HOAC - 17 JUNIO 2014 | POR OLGA

El Trascendente, escandalizando a los ‘religiosos’, se ha hecho en Jesús el Inmanente, alcanzable en la «carne», en la debilidad humana, en los ‘despojos humanos’, los ‘don nadie’ y los ‘sin nada’... (cf Mt 25,31ss).

VER

El número de ciudadanos del Estado español que puede estar en riesgo de pobreza energética ha aumentado en dos millones en solo dos años, lo que supone una cantidad de unos ¡siete millones de personas! ¿Es la nuestra una sociedad civilizada (sic!)?

El riesgo de pobreza energética se traduce en familias que pasan frío en invierno y calor en verano, viviendas con moho y humedad, cortes de suministro por impago (1,4 millones en 2012, más del doble que en 2006), menos dinero para satisfacer otras necesidades básicas y, lo más grave, muertes prematuras en invierno. Hasta 7.200 fallecimientos podrían evitarse si se erradicara el problema, según el sistema de medición de la Organización Mundial de la Salud.
La culpa de este aumento la tienen sobre todo dos fenómenos paralelos: mientras los ingresos de los españoles se reducen por la crisis, el precio de la energía se dispara…

(Sigamos en nuestro orar poniendo aquellos rostros por nosotros conocidos personalmente de la crisis)

"La gente más vulnerable es la que está pagando las consecuencias de la crisis". ¿Por qué lo permitimos? ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué voy a hacer?
¿Dónde está tu hermano parado? ¿Dónde está ese emigrante que tiene que trabajar a escondidas porque no ha sido formalizado? ¿Dónde está tu hermano esclavo? ¿Dónde está ese que estás matando cada día en el taller clandestino, en la red de prostitución, en los niños que utilizas para la mendicidad…? No nos hagamos los distraídos. Hay mucho de complicidad. ¡La pregunta es para todos! En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda (cf. La Alegría del Evangelio nº 211).

“Toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre” (ídem nº 213).

DESAHOGOS BÍBLICOS

¡Haznos justicia, oh Dios, defiende nuestra causa
contra los idólatras banqueros criminales;
sálvanos de sus fanáticos economistas!
Pues no eres Tú un Dios amigo de banqueros,
esos que vomitan discursos nauseabundos,
−sólo se sinceran con micrófonos cerrados−
y compran la mudez de tus ministros.
Sus radios rencorosas nos aturden,
de mentiras envuelven nuestros ojos
con hojas relucientes de periódicos comprados
como viles rameras mercantiles.
¡Confúndelos, Señor; haznos justicia, oh Dios!
Que sus mentiras no corrompan a los pobres,
ni sus campañas millonarias al obrero
pendiente de un salario que decrece...
Nuestros comunicados critican los banqueros
como soplo de “Abeles” ignorantes, dicen
esos caínes sempiternos.
Risas nos dan sus amenazas,
sus arrogantes insultos…
¡Hipócritas ladrones de derechos,
banqueros „asesinos‟, desgraciados,
que hundís a los pobres y sus hijos
por salvar las “acciones criminales”!
Sabed que han arrancado vuestro tiempo de la vida,
pues no valéis ni el polvo que pisamos.
[NB: Hemos sustituido el “malvado” de los salmos por el “banquero”]

EVANGELIO (Jn 6,51-58)

51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». 52 Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». 53 Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55 Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57 Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. 58 Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Si Jesús es un hombre, ¿cómo puede ser Dios? La pretensión divina de Jesús, hombre de carne y hueso, es inadmisible. Siendo hombre está usurpando el puesto a Dios (cf. 5,18; 10,33). ¡La piedra de escándalo, por tanto, es la humanidad de Jesús! Manera común de pensar: Dios y el hombre están separados por un abismo infranqueable. Por grande que sea su amor no puede llegar hasta el extremo del Don (Dios en persona) que pretende significar Jesús. Contra esta manera de pensar es necesaria, una tarea de desescombro teológico: „matar a Dios‟ –es decir, nuestras ideas idolátricas sobre Dios– para que sea posible el nacimiento del Dios verdadero que nos revela Jesús: Amor carnal hecho persona.

El problema, como siempre, está en que la divinidad de Jesús es demasiado humana (opción por los pobres), y su humanidad demasiado divina (amar hasta el colmo).

Para acercarse a Jesús la persona precisa de una aceptación previa, es decir, ha de aceptar que Dios es Padre y está a favor del hombre/mujer. Más en concreto: si uno mismo no está “a favor del Hombre”, si no se interesa por la suerte de sus hermanos, entonces la actividad de Jesús a favor de los oprimidos no le interpela, siendo así que esa actividad es el único criterio para entender quién es Jesús, su misión divina y la presencia del Padre en él (cf. Jn 5,36; 10,38).

Y el designio de Dios ya sabemos cuál es: que «el que cree tiene (desde ahora) vida definitiva». El Padre está ofreciendo ahora el nuevo pan, que es Jesús. Sólo quien lo come (se asimila a Jesús por una fe como la suya) alcanzará la meta (no morirá).

«El pan que yo voy a dar es mi carne». A través de ella, el don de Dios se hace concreto, histórico, adquiere realidad para el hombre. La “carne” de Jesús (que se prolonga en la carne de los pobres), lugar donde Dios se hace presente (1,14), es el Don del amor del Padre al mundo (3,16). Es una presencia que busca un encuentro (de cuerpos): en la carne ha querido Dios entrar en un diálogo de comunión con los hombres/mujeres: «Y la Palabra (que al principio se dirigía a Dios) se hizo carne». Mientras Dios pone todo su interés en acercarse al hombre y establecer comunión con él, éste tiende continuamente a alejarlo de su mundo, situándolo en una esfera sagrada, cerrada y trascendente. Pero es en el hombre y en el tiempo donde se encuentra a Dios, donde se le ve y se le acepta o rechaza. No existen dones divinos que no tengan expresión en «la carne». El Trascendente, escandalizando a los ‘religiosos’, se ha hecho en Jesús el Inmanente, alcanzable en la «carne», en la debilidad humana, en los ‘despojos humanos’, los ‘don nadie’ y los ‘sin nada’... (cf Mt 25,31ss).

«Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre no tenéis vida en vosotros». Cuando su carne y su sangre sean separadas por la violencia del odio, quedará patente la vida que hay en él, el Espíritu, que como agua de vida, brotará de su cuerpo entregado (cf 19,34). Su carne y sangre entregada por amor va a comunicar, al que los coma y beba, su mismo Espíritu. «Comer su carne» es asimilarse a él por una vida como la suya; «beber su sangre» es llegar hasta el final en la entrega por el bien del hombre.

Por parte de Jesús, la eucaristía, memorial de su muerte y vida, es don que comunica realmente su amor y su vida (el Espíritu). Por parte del discípulo es la aceptación del don; de éste nace una experiencia de vida-amor que se convierte en norma de conducta; al aceptarlo, renueva su compromiso con Jesús y, en él, con el hombre. Jesús, alimento de su comunidad, produce en ella el amor, la entrega y la alegría festiva. El don recibido lleva al don de sí: es el amor que responde al amor (1,16).

La persona eucarística (“el que come mi carne y bebe mi sangre”) que se asimila a Jesús por un don como el suyo, puede decir: «Con el Mesías quedé crucificado, y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí, y mi vivir humano de ahora es un vivir de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gal 2,19-20). En el 6,57 leemos la tremenda afirmación de que Jesús otorga al hombre eucarístico, a la mujer eucarística, su misma vida divina: «vivirá por mí» (de mí y conmigo, llevando adelante mi causa y gozándose con ella en Mí).

Jesús ha expuesto la condición para crear la sociedad que Dios quiere para el hombre/mujer, la única que le permitirá una vida plenamente humana y cumplir el proyecto de Dios sobre la creación: un amor sin reservas... Es este amor el que celebramos cada eucaristía y del que nos nutrimos... hasta llegar, como él y por su Espíritu, al don de la vida encarnada...

ALEGORÍA JUDÍA

Cuenta una alegoría judía que una vez un hombre muy rico fue a pedirle un consejo a un rabino. El rabino lo acercó a la ventana, le hizo mirar y le preguntó: –¿qué ves? El hombre le respondió: – "veo gente". El rabino lo llevó ante un espejo y le dijo: –"qué ves ahora"? El rico le respondió: –"Ahora me veo yo". El rabino le contestó: lo mismo en la ventana que en el espejo hay vidrio. Pero el vidrio del espejo tiene un poco de plata. Y cuando hay plata uno deja de ver a la gente y comienza a verse solo a sí mismo. ¡Bienaventurados los pobres… Bienaventurados los limpios de corazón (un corazón de carne y no de plata), porque ellos verán a Dios! USURA «Es falso afirmar que el sistema económico de los países llamados “occidentales” se fundamenta sobre el derecho de propiedad privada. De ninguna manera. El liberalismo económico se basa en el arrendamiento de cualquier clase de bienes, que es exactamente la negación del derecho de propiedad individual… El “sistema” se fundamenta en acaparar bienes de todas clases más allá de las propias necesidades para arrendarlos a los que carecen de ellos. El contrato de arrendamiento hace posible la sed insaciable de bienes, y permite que estos aumenten sin medida y casi sin esfuerzo por parte de los beneficiarios. Cuando se ha llegado a un cierto nivel, el aumento vertiginoso aparece casi como la exigencia de una ley física. La Banca, esa diosa prepotente cuyos templos magníficos y esplendentes ocupan lugares de honor en nuestras ciudades, asienta todo su poder en el arrendamiento del dinero pagando un canon mezquino a los que depositan en ella sus fondos, que se utilizan en operaciones de la máxima rentabilidad. Unos pocos lucrándose con el dinero de unos muchos» (CF. 50 Aniversario de la muerte de Rovirosa. Vigilia (2014), 41). ¿No es hora de acabar con el “fenerismo” (el cobro de intereses) arrancando de raíz la ley de arrendamiento? Crear dinero de la deuda es el negocio, bien lo sabemos, de los bancos, esos diosecillos de los ricos.

Menos que un grano de mostaza,
apenas “dos moneditas” en depósito precisan
para crear dinero de la nada,
−tal es el poder que nos robaron−,
y que destinarán, con el placet del gobierno,
al usurero robo de los pobres,
al “mamónico” juego
de especular con el miedo.
Con las cosas de comer, esos “mammones (sic!)”
se jugarán la subida de los precios,
el alimento que el pobre necesita,
y las pensiones del viejo.
Provocarán hambrunas, si es preciso,
con sus sonrisas idiotas y sus chaquetas de negro…
«Algún día, −me dicen−, ser “banquero”
malo será considerado un delito económico
de lesa humanidad. ¡¡¡Ja, ja, ja!!!»
Sabedlo, compañeros.

lunes, 16 de junio de 2014

HOAC | Convertir en normal lo que es inmoral | Hermandad Obrera de Acción Católica |

Convertir en normal lo que es inmoral
02 junio 2014 | Por
Editoriales
El pasado 13 de mayo, en Soma (Turquía), se produjo un incendio en una mina de carbón que ha causado la muerte de 300 mineros. Turquía tiene uno de los peores historiales del mundo en «accidentes» en las minas, porque las medidas de seguridad son muy deficientes. En la mina de la empresa Soma Holding, el primer productor de carbón subterráneo de Turquía, no existían las medidas básicas y exigibles de seguridad, por eso se ha producido el desastre. Con razón han dicho los sindicatos que «esto no es ni un accidente ni el destino, es una masacre», y que «el gobierno turco y los empleadores son los responsables de esta carnicería; cuando los gobiernos no protegen a sus ciudadanos están violando uno de los deberes más fundamentales de todo gobierno».

Pues bien, ante esta realidad, además de reprimir a los que protestaban en la calle por lo ocurrido, el primer ministro turco Erdogan, ha dicho que «estos accidentes ocurren», como si fuera algo normal. Pero no es normal, es una enorme inmoralidad. Con demasiada frecuencia se presenta lo inmoral como normal. Las debidas medidas de seguridad en el trabajo no existen para muchos trabajadores y trabajadoras del mundo porque tienen costes económicos, y se elige la mayor rentabilidad antes que la protección de la vida de las personas, se pone en peligro la vida para ganar más. Esa es la cruda realidad que siempre se quiere eludir cuando se producen desastres como este.

Aunque, desde luego, tiene una entidad distinta, la misma normalización de la inmoralidad es la que se pone de manifiesto en declaraciones que se hacen cada vez con más frecuencia en nuestro país. Declaraciones que hablan de trabajadores «que no saben hacer nada y a los que hay que pagarles el salario mínimo» o de trabajadores «exquisitos que no se adaptan a lo que les ofrece el mercado». Declaraciones que ofenden gravemente a los trabajadores y trabajadoras, pero que, además, hablan de la precariedad laboral, del empleo en condiciones indecentes, como si fuera lo más normal del mundo, como si los trabajadores no tuvieran sino que adaptarse a lo que les exige el mercado. Como si el mercado y la economía no tuvieran que adaptarse a las necesidades de las personas. La precariedad extrema del empleo no es normal (aunque cada vez esté más extendida), es inmoral. Hablar de la sociedad y del trabajo como si fueran un mercado y una mercancía no es normal (por más que sea una mentalidad muy extendida), es inmoral. ¿A qué hemos reducido al ser humano?

La raíz de esta inmoralidad que se presenta como normalidad es la idolatría del dinero que denuncia con contundencia el Papa Francisco, porque significa «una profunda crisis antropológica», una profunda crisis de lo humano, «¡la negación de la primacía del ser humano! (…) La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano» («La alegría del Evangelio», 55). Y esto ocurre porque se niegan en la práctica dos principios básicos de humanidad: que en la economía la persona tiene que ser siempre sujeto, centro y fin, nunca instrumento; y que el trabajo humano es superior a todos los demás elementos de la economía, porque solo el trabajo es siempre una persona que trabaja y todo lo demás son instrumentos, cosas (Concilio Vaticano II, «Gaudium et spes», nn. 63 y 67). Si no organizamos la vida social y no actuamos según el orden de valores que hace justicia a la dignidad de las personas, seguiremos convirtiendo lo inmoral en lo normal y cada vez estaremos más lejos de la verdad sobre nuestra humanidad. Y ese alejarnos de nuestra humanidad provoca desastres.

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