Convertir en normal lo que es inmoral
02 junio 2014 | Por HOAC
Editoriales
El pasado 13 de mayo, en Soma (Turquía), se produjo un incendio en una mina de carbón que ha causado la muerte de 300 mineros. Turquía tiene uno de los peores historiales del mundo en «accidentes» en las minas, porque las medidas de seguridad son muy deficientes. En la mina de la empresa Soma Holding, el primer productor de carbón subterráneo de Turquía, no existían las medidas básicas y exigibles de seguridad, por eso se ha producido el desastre. Con razón han dicho los sindicatos que «esto no es ni un accidente ni el destino, es una masacre», y que «el gobierno turco y los empleadores son los responsables de esta carnicería; cuando los gobiernos no protegen a sus ciudadanos están violando uno de los deberes más fundamentales de todo gobierno».
Pues bien, ante esta realidad, además de reprimir a los que protestaban en la calle por lo ocurrido, el primer ministro turco Erdogan, ha dicho que «estos accidentes ocurren», como si fuera algo normal. Pero no es normal, es una enorme inmoralidad. Con demasiada frecuencia se presenta lo inmoral como normal. Las debidas medidas de seguridad en el trabajo no existen para muchos trabajadores y trabajadoras del mundo porque tienen costes económicos, y se elige la mayor rentabilidad antes que la protección de la vida de las personas, se pone en peligro la vida para ganar más. Esa es la cruda realidad que siempre se quiere eludir cuando se producen desastres como este.
Aunque, desde luego, tiene una entidad distinta, la misma normalización de la inmoralidad es la que se pone de manifiesto en declaraciones que se hacen cada vez con más frecuencia en nuestro país. Declaraciones que hablan de trabajadores «que no saben hacer nada y a los que hay que pagarles el salario mínimo» o de trabajadores «exquisitos que no se adaptan a lo que les ofrece el mercado». Declaraciones que ofenden gravemente a los trabajadores y trabajadoras, pero que, además, hablan de la precariedad laboral, del empleo en condiciones indecentes, como si fuera lo más normal del mundo, como si los trabajadores no tuvieran sino que adaptarse a lo que les exige el mercado. Como si el mercado y la economía no tuvieran que adaptarse a las necesidades de las personas. La precariedad extrema del empleo no es normal (aunque cada vez esté más extendida), es inmoral. Hablar de la sociedad y del trabajo como si fueran un mercado y una mercancía no es normal (por más que sea una mentalidad muy extendida), es inmoral. ¿A qué hemos reducido al ser humano?
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