LA VIÑA DE NABOT
La evangelización en el mundo del trabajo
Boletín n° 3, Mayo de 2010
VER
Nuestra vida cotidiana presente se desenvuelve en un ambiente social de inseguridad y violencia, que destruye la paz de las comunidades en las que solíamos convivir. Sólo en el pasado mes de marzo murieron en la nación poco más de mil vidas. Delincuentes, militares y CIVILES han muerto por esta Guerra contra el narcotráfico que nuestras autoridades se han propuesto desde hace un tiempo. Reportaba el diario Milenio el pasado 27 de marzo: “De los 19 enfrentamientos en las últimas semanas en diversos puntos de Nuevo León, 13 civiles cayeron en el fuego cruzado”.
Es necesario reconocer que la violencia e inseguridad que vivimos no es sólo consecuencia del crimen organizado, sino de causas sociales más profundas y básicas como “la desigualdad y la exclusión social, la pobreza, el desempleo y subempleo, los bajos salarios” (obispos de México). Algunos se han estado adueñando de los bienes y hasta de la vida de las personas. En los últimos años es cada vez más difícil encontrar trabajo y tener un salario digno y suficiente. Por otra parte, lo que se ofrece a toda la generación de jóvenes es Incertidumbre. En efecto, muchos no pueden acceder a una educación de calidad o por la insuficiencia de escuelas o por lo carísimo que resulta hacerlo. Y si acaso han podido estudiar, lo que sigue es la falta de empleo para ellos.
Frente a toda esta realidad que vivimos, ¿qué hacemos los que nos hemos comprometido con Dios, con la Iglesia y con la sociedad? El Sr. Rafael Rangel Sostmann, rector del TEC de Monterrey, tiene una opinión que muchos compartimos: “Nos hemos hecho ciegos, sordos e indiferentes ante la pobreza, las injusticias, la falta de oportunidades, la desigualdad y el desempleo…”
JUZGAR
Busquen primero el reino [de Dios] y su justicia, y lo demás lo recibirán por añadidura. (Mt 6, 33)
Los obispos de México, al analizar las causas de la violencia, afirman que «La economía es uno de los ámbitos en los que debemos buscar los factores que contribuyen a la existencia de la violencia organizada. La desigualdad y la exclusión social, la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, la discriminación, la migración forzada y los niveles inhumanos de vida, exponen a la violencia a muchas personas: por la irritación social que implican; por hacerlas vulnerables ante las propuestas de actividades ilícitas y porque favorecen, en quienes tienen dinero, la corrupción y el abuso de poder» (No. 28).
No se trata de destruir a los que hacen o apoyan la violencia sino de luchar contra el mal: «En el interior del ser humano se da la batalla de tendencias opuestas entre el bien y el mal. Los cristianos no vemos a las personas como enemigos que hay que destruir; nuestra lucha es contra el poder del mal que destruye y deshumaniza a las personas» (No. 110) y «la pretensión de prescindir de Dios y de su proyecto de vida» (No. 112).
ACTUAR
Lo primero que los obispos nos han encomendado a toda la Iglesia de México es reflexionar sobre la exhortación pastoral llamada “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna” (Feb.2010). En todas las parroquias, en todos los grupos, en todas las comunidades eclesiales de base, en todos los movimientos, en todas las instituciones eclesiales… Todos. Y de este estudio concluir en compromisos concretos, posibles y medibles.
Además de organizarnos como Iglesia, es muy conveniente vincularnos con iniciativas ciudadanas que han ido surgiendo en Monterrey. Da gusto ver a los jóvenes estudiantes del Tec de Monterrey, encabezados por su rector, manifestando su enojo y haciendo propuestas. De esto se trata, de Organizarnos y Participar en todos los ámbitos sociales para Tomar conciencia, Exigir, Cuestionar, Denunciar, Proponer, Manifestarnos, Cambiar lo que está mal… Sin justicia social jamás tendremos paz ni democracia. Esta es la finalidad de la Misión de la Iglesia: Construir una sociedad justa y en paz en donde todos sus ciudadanos, y no sólo algunos cuantos, tengamos vida digna.
plaboralmty@hotmail.com
La evangelización en el mundo del trabajo
Boletín n° 3, Mayo de 2010
VERNuestra vida cotidiana presente se desenvuelve en un ambiente social de inseguridad y violencia, que destruye la paz de las comunidades en las que solíamos convivir. Sólo en el pasado mes de marzo murieron en la nación poco más de mil vidas. Delincuentes, militares y CIVILES han muerto por esta Guerra contra el narcotráfico que nuestras autoridades se han propuesto desde hace un tiempo. Reportaba el diario Milenio el pasado 27 de marzo: “De los 19 enfrentamientos en las últimas semanas en diversos puntos de Nuevo León, 13 civiles cayeron en el fuego cruzado”.
Es necesario reconocer que la violencia e inseguridad que vivimos no es sólo consecuencia del crimen organizado, sino de causas sociales más profundas y básicas como “la desigualdad y la exclusión social, la pobreza, el desempleo y subempleo, los bajos salarios” (obispos de México). Algunos se han estado adueñando de los bienes y hasta de la vida de las personas. En los últimos años es cada vez más difícil encontrar trabajo y tener un salario digno y suficiente. Por otra parte, lo que se ofrece a toda la generación de jóvenes es Incertidumbre. En efecto, muchos no pueden acceder a una educación de calidad o por la insuficiencia de escuelas o por lo carísimo que resulta hacerlo. Y si acaso han podido estudiar, lo que sigue es la falta de empleo para ellos.
Frente a toda esta realidad que vivimos, ¿qué hacemos los que nos hemos comprometido con Dios, con la Iglesia y con la sociedad? El Sr. Rafael Rangel Sostmann, rector del TEC de Monterrey, tiene una opinión que muchos compartimos: “Nos hemos hecho ciegos, sordos e indiferentes ante la pobreza, las injusticias, la falta de oportunidades, la desigualdad y el desempleo…”
JUZGAR
Busquen primero el reino [de Dios] y su justicia, y lo demás lo recibirán por añadidura. (Mt 6, 33)
Los obispos de México, al analizar las causas de la violencia, afirman que «La economía es uno de los ámbitos en los que debemos buscar los factores que contribuyen a la existencia de la violencia organizada. La desigualdad y la exclusión social, la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, la discriminación, la migración forzada y los niveles inhumanos de vida, exponen a la violencia a muchas personas: por la irritación social que implican; por hacerlas vulnerables ante las propuestas de actividades ilícitas y porque favorecen, en quienes tienen dinero, la corrupción y el abuso de poder» (No. 28).
No se trata de destruir a los que hacen o apoyan la violencia sino de luchar contra el mal: «En el interior del ser humano se da la batalla de tendencias opuestas entre el bien y el mal. Los cristianos no vemos a las personas como enemigos que hay que destruir; nuestra lucha es contra el poder del mal que destruye y deshumaniza a las personas» (No. 110) y «la pretensión de prescindir de Dios y de su proyecto de vida» (No. 112).
ACTUAR
Lo primero que los obispos nos han encomendado a toda la Iglesia de México es reflexionar sobre la exhortación pastoral llamada “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna” (Feb.2010). En todas las parroquias, en todos los grupos, en todas las comunidades eclesiales de base, en todos los movimientos, en todas las instituciones eclesiales… Todos. Y de este estudio concluir en compromisos concretos, posibles y medibles.
Además de organizarnos como Iglesia, es muy conveniente vincularnos con iniciativas ciudadanas que han ido surgiendo en Monterrey. Da gusto ver a los jóvenes estudiantes del Tec de Monterrey, encabezados por su rector, manifestando su enojo y haciendo propuestas. De esto se trata, de Organizarnos y Participar en todos los ámbitos sociales para Tomar conciencia, Exigir, Cuestionar, Denunciar, Proponer, Manifestarnos, Cambiar lo que está mal… Sin justicia social jamás tendremos paz ni democracia. Esta es la finalidad de la Misión de la Iglesia: Construir una sociedad justa y en paz en donde todos sus ciudadanos, y no sólo algunos cuantos, tengamos vida digna.
plaboralmty@hotmail.com
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